El yacimiento arqueológico de Tamuda, donde nació y prosperó la ciudad homónima, se sitúa en la orilla derecha del río Martil, al suroeste de la ciudad de Tetuán, junto a la carretera entre las ciudades de Tetuán y Chefchauen, en un sitio privilegiado al pie de la cordillera del Rif en el valle fértil del río Martil. Hay casi un consenso de los especialistas sobre el significado de Tamuda, cuyo origen es derivado de la palabra amazig Tamda que significa pantano, y que fue citada por primera vez durante el siglo I a. C en las monedas de bronce acuñadas localmente en alfabeto neopúnico: (TMT, TMD, TMDA, TMGDT). En el mismo siglo fue citada por Plinio el Viejo (m. 79 d. C) en su libro Historia Natural con una breve referencia a un río llamado Tamuda y una ciudad homónima, mientras que los geógrafos Pomponio Mela (m. 45 d.C) y Ptolomeo (m.168 d.C) citaron únicamente el río Tamuda sin referirse a la ciudad, que ya había sido destruida a mediados del siglo I d.C. En los siglos posteriores, y precisamente en el siglo V d. C, fue citada en Notitia Dignitatum, documento que describía la organización administrativa del imperio romano y sus dignidades civiles y militares, al precisar que una de las divisiones de caballería, el Ala Herculae, estaba asentada en la Mauretania Tingitana, en el castillo llamado (Tamuco), conocido actualmente como castillo de Tamuda. Tras varios intentos de los geógrafos y arqueólogos de descubrir las ruinas de Tamuda, el arqueólogo español César Luis de Montalban logró desterrar el mito de la ciudad en 1921 y dio paso así a una serie de excavaciones y exploraciones organizadas por expertos marroquíes y españoles, que arrojaron luz sobre dos etapas históricas: la mauretana y la romana. De la época romana, se descubrieron vestigios de una ciudad que se extiende al menos sobre 5 hectáreas, y se demostró que Tamuda logró su auge urbanístico y su máxima prosperidad durante los siglos I y II a. C, con características propias de las ciudades helenísticas reflejadas en su construcción a base de un plan urbano que trazó las avenidas y las calles, un desarrollo de la artesanía local como la alfarería, la amonedación con nombres de reyes mauretanos en alfabeto neopúnico, y la existencia puerto fluvial cercano al mar para fomentar el intercambio comercial con la península ibérica y las ciudades y Estados mediterráneos. En su último siglo de existencia, la ciudad fue destruida en dos ocasiones, primero a finales del siglo I a. C, alrededor del año 38 a. C, y cuando casi logró rehabilitarse y recuperar su prosperidad volvió a ser destruida completamente hacia el año 40 d. C, tras el asesinato del último rey mauretano Ptolomeo y el estallido de la revuelta liderada por Aedemón, que provocó la intervención de las tropas romanas durante el imperio de Claudio para anexionar el reino mauretano a las provincias romanas,. Sobre una parte de las ruinas de la ciudad mauretana, construyó el ejército romano un campamento militar de vigilancia, que los expertos datan su edificación a mediados del siglo I d. C y su desaparición en el siglo V d. C. El castillo de Tamuda fue construido de forma cuadrada, sobre una superficie de 9000 metros, con cuatro puertas, murallas y veinte torres. El Ministerio de Cultura inscribió el yacimiento arqueológico de Tamuda en la lista de patrimonios nacionales en el año 2005, y con ello se lanzaron investigaciones en el sitio y operaciones de rehabilitación que permitieron profundizar en la historia de Tamuda y abrir el sitio al público.