Lixus, la ciudad más antigua de Marruecos

El sitio Lixus (situado al noreste de la ciudad de Larache) es, por su ubicación y sus vestigios, una plaza muy importante en el mapa del patrimonio antiguo de Marruecos. El sitio conserva restos de la famosa ciudad de Lixus, citada en varios textos greco-latinos, y fundada por los comerciantes fenicios en el siglo VIII a. C para ser la urbe más antigua de Marruecos y del oeste mediterráneo. Habitada a lo largo de casi veintidós siglos, fue una próspera ciudad mauretana autónoma (siglo VIII a. C -año 40 d. C), antes de convertirse en una ostentosa colonia romana (año 40 d. C-principios del siglo V d.C) y más tarde en una ciudad musulmana nombrada Tshomes (siglo VIII – siglo XIV d.C), sede de un Emir idrisí. Las valiosas ruinas descubiertas en el sitio Lixus atestan del dinamismo económico de Marruecos desde épocas antiguas, su importante papel en las redes comerciales mediterráneas y su interacción con las diferentes civilizaciones. Los textos greco-romanos datan los origines de Lixus en el siglo II a.C, en época de la supuesta edificación del templo del dios fenicio Melkart, mientras los vestigios encontrados por los arqueólogos datan del siglo VIII a. C y permiten deducir que la ciudad fue una de las más importantes de la civilización fenicia en el oeste del Mediterráneo, con una superficie cercana a las 14 hectáreas. La ciudad pasó de ser un mero puerto comercial en la costa atlántica de Marruecos a convertirse en toda una ciudad autónoma, donde los habitantes gozaban de lujosos utensilios importados desde las ciudades del levante Mediterráneo, Grecia y Chipre. De la época mauretana, fechada entre finales del siglo VI a. C y el año 40 d. C, quedan pocas e inciertas informaciones, de las cuales destacan algunos objetos descubiertos y el relato de la expedición del Rey Hannón que atestiguan de relaciones comerciales de los habitantes con los cartaginenses. Mientras tanto, recientes exploraciones arqueológicas desarrolladas en la necrópolis de Rakada, que data de la misma época (entre finales del siglo VI y finales del siglo VI) confirman que los habitantes mantenían relaciones comerciales no sólo con los cartaginenses sino también con diferentes zonas del levante mediterráneo. Asimismo, la ciudad conoció entre el siglo III a.C y el año 40 d.C, al igual que pasó con las diferentes ciudades de la Mauretana Tingitana (norte de Marruecos) una gran y destacada urbanización impulsada por los reyes mauretanos y caracterizada por la construcción de casas admirables, edificios públicos, templos y muros para defender la ciudad. Durante la época romana, la ciudad de Lixus alcanzó su máxima extensión al igual como sucedió con las demás ciudades romanas; con la construcción de edificios públicos, tribunales, templos, termas, teatro y murallas. Igualmente, la zona industrial especializada en la salazón se convirtió en la más importante del oeste mediterráneo, y con ello el atún conservado de Lixus se convirtió en producto de alta demanda en diferentes regiones romanas e incluso en la capital imperial Roma. Esta prosperidad económica se reflejó en las lujosas casas decoradas con mosaicos, en las necrópolis, en las cerámicas y en las monedas acuñadas localmente, y permitió a los habitantes de la ciudad de Lixus exponer su riqueza cultural, su integración e interacción con las culturas mediterráneas púnica y latina. De la vida en la ciudad en el siglo III d. C, las informaciones son menguantes, aunque se sabe que la actividad industrial siguió adelante al menos hasta principios del siglo V d. C y que hubo población cristiana antes de la llegada de los musulmanes. La ciudad de Lixus siguió habitada en el siglo XIV d. C, con el nombre de Tshomes según los textos árabes, y fue descrita por el geógrafo Al Bakri como una ciudad poblada y amurallada, sede de uno de los Emires idrisíes. A nivel arqueológico, las exploraciones permitieron descubrir una casa con un patio interior, una mezquita y un gran número de objetos arqueológicos que remontan a la era islámica, especialmente a las épocas almohade y meriní. A pesar de que las exploraciones arqueológicas no abarcaron más del 10% de las 62 hectáreas de la ciudad, permitieron conocer las características arquitecturales de la ciudad y descubrir importantes edificios de diversas épocas y un gran número de objetos antiguos de gran valor histórico y artístico. En medio de los vestigios del lugar, destacan las ruinas de un palacio construido durante el mandato del rey amazige Yuba II y las de un anfiteatro único en Marruecos, además de varias factorías romanas de salazón y ruinas de una mezquita medieval. La historia de la ciudad no carece de mística, y es que la leyenda avanza que Hércules también visitó el lugar para cosechar unas manzanas doradas que se encontraban en los jardines Hespérides, cercanos a la ciudad de Lixus y vigilados por un temible dragón. El sitio Lixus dispone actualmente de un Centro de interpretación del patrimonio, con dos salas de exposición que ofrecen al visitante la posibilidad de asimilar la exclusividad de este patrimonio y descubrir sus particularidades y sus secretos históricos.